Hace 131 años un movimiento de trabajadores de la ciudad de Chicago en Los Estados Unidos de América, levantó su voz hasta lo más alto en reclamo de reivindicaciones para ese segmento de la población. Iniciando con una manifestación el sábado 1 de mayo de 1886, en la cual los obreros exigían, como primer punto, laborar no más de 8 horas al día.
El grupo de hombres desafió las autoridades, las cuales de proponían impedir las protestas de forma violenta, situación que desencadenó en 2 protestantes muertos y varios heridos; esto fue sólo el comienzo.
Los días 2, 3 y 4 de mayo de 1886, fueron inquietantes para la clase obrera, la cual se mantenía llena de incertidumbre, impotencia, decepción e indignación, debido a que las autoridades se dedicaron a perseguirle, bajo el alegato de disuadir la movilización del grupo de trabajadores.
El día más gris del período de protestas y manifestaciones a cargo de los obreros fue el fatídico 4 de mayo de 1886, donde estos se concentraron en la plaza de Haymarket en Chicago. Más de 20 mil trabajadores fueron reprimidas por ciento 80 policías uniformados.
A raíz de la represión recibida, desde el grupo de obreros salió un artefacto explosivo, el cual estalló entre los policías dejando un saldo de un muerto y varios heridos. Los militares abrieron fuego contra la multitud matando a 38 trabajadores y dejando más de 200 heridos.
Esto se produjo en el contexto del auge de la Revolución Industrial, donde el mundo estaba ilusionado con la producción industrial, los negocios y ganancias de capitales, éxtasis que les puso un cesgo a los grandes empresarios que sólo pensaban en aumentar sus finanzas sin importar el sacrificio de los trabajadores.
Los sucesos de Chicago además costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes europeos: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.
Reflexión
Si valoramos en su justa dimensión las luchas de los trabajadores en Chicago, Estados Unidos, las cuales fueron aguerridas, consistente, firmes, determinante e importantes para todos los obreros del mundo, no hablaríamos de celebración, sino más bien de conmemoración de las reivindicaciones logradas a través de los hechos lamentables que las protagonizaron.
La lingüista María del Rosario Ramallo explica: “‘Conmemorar” puede usarse para hacer referencia a cualquier hecho, triste o alegre, festivo o luctuoso, mientras que “celebrar”únicamente se debe emplear para aludir a actos solemnes o acontecimientos festivos o fechas importantes.
Queda claro entonces que la forma adecuada es “conmemoración”, pues aquella palabra permite referirse a un hecho alegre o triste, mientras que “celebrar” se utiliza para acontecimientos festivos o fechas importantes, no se refiere a hechos vinculados a la muerte o a alguna circunstancia dolorosa.
